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El clima puede mover ingresos, costos y activos. El reto es dimensionar cuánto del negocio está expuesto.
Marian Buraschi - Socia y Directora de Libélula
El Niño sigue colocando el clima en la agenda empresarial. ENFEN mantiene la alerta de El Niño Costero y anticipa un escenario que podría intensificarse hacia el verano. Para las empresas, la pregunta ya no debería ser solo si están preparadas para una emergencia, sino cuánto de su negocio podría verse impactado financieramente.
Una interrupción logística puede reducir ventas. Una planta paralizada golpea producción y márgenes. La afectación de un proveedor crítico puede trasladar mayores costos a toda la cadena. Un activo expuesto puede perder valor o exigir nuevas inversiones. El riesgo físico termina convirtiéndose en riesgo financiero.
Esto no es una relación teórica. Según S&P Global (2025), los riesgos climáticos físicos podrían generar US$1,2 billones en costos anuales hacia la década de 2050 para las empresas que integran el S&P Global 1200, en ausencia de medidas de adaptación. Para abordar este desafío, algunas empresas ya están avanzando en identificar su exposición: en el sector eléctrico, el 94% de las compañías evaluadas incorpora riesgos físicos agudos en sus evaluaciones climáticas. Sin embargo, solo el 62% ha dado el siguiente paso de identificar su potencial impacto financiero.
El problema es que muchas empresas todavía gestionan esas piezas por separado. Pueden contar con mapas de amenazas, mediciones de emisiones o planes de continuidad, sin saber qué porcentaje de sus ingresos depende de operaciones vulnerables, qué activos concentran mayor exposición o cuánto resistiría la caja ante una interrupción.
Esa brecha empieza a hacerse visible en los estándares financieros. La NIIF S2 requiere que las empresas conecten los riesgos y oportunidades climáticos con sus posibles efectos sobre los flujos de efectivo, acceso al financiamiento y costo de capital. A partir de 2029, inicialmente las empresas que cotizan en bolsa, entidades financieras y empresas no reguladas con ingresos anuales iguales o mayores a 2.300 UIT deberán reportar información climática y de sostenibilidad bajo las NIIF S1 y S2.
Los avances tampoco son uniformes. En la autoevaluación peruana del Ranking LACADI 2025, “metas y métricas” alcanzó 52%, mientras que “gestión de riesgos” llegó a 34%. La brecha es reveladora: medir y reportar puede estar avanzando más rápido que incorporar el clima a la forma en que se identifican, evalúan y administran los riesgos del negocio.
Por eso, el siguiente paso consiste en traducir la exposición en información financiera útil para decidir: porcentaje de activos vulnerables, ingresos dependientes de una operación, sensibilidad de márgenes, días de interrupción tolerables o inversiones capaces de reducir una pérdida futura.
Cuando esa información existe, el clima deja de ser un asunto exclusivo del área de sostenibilidad. Entra en conversaciones de operaciones, riesgos, finanzas, inversión y directorio.
El Niño hace visible la urgencia, pero el desafío es permanente. Sequías, inundaciones, olas de calor y otros eventos seguirán afectando operaciones y mercados. La pregunta empresarial es sencilla de formular y difícil de responder: si el clima puede mover los resultados del negocio, ¿sabemos cuánto tenemos realmente en riesgo?