El riesgo climático ya no puede gestionarse únicamente como una emergencia.
En una nueva edición de Café y Conexión, líderes empresariales analizaron cómo traducirlo en impactos financieros y operativos, priorizar inversiones y fortalecer la resiliencia del negocio.
El Fenómeno El Niño es conocido por las empresas peruanas. Sin embargo, la conversación está cambiando. Ya no se trata únicamente de anticipar lluvias, proteger infraestructura o contar con protocolos de emergencia, sino de entender cómo el cambio climático está influyendo en la frecuencia e intensidad de éste fenómeno y qué parte del negocio está expuesta, cuánto podría verse afectada y qué decisiones pueden reducir esa vulnerabilidad.
Ese fue el punto de partida de Café y Conexión | El Niño: de la alerta a la acción empresarial, un encuentro organizado por nexos+1 junto a APOYO Consultoría y Pacífico Seguros, que reunió las perspectivas climática, económica y empresarial.
Durante el encuentro, Lucila Pinto, de Libélula; Iván Portocarrero, de APOYO Consultoría; y Verónica del Carpio, de Pacífico Seguros, abordaron desde distintos ángulos cómo prepararse frente a El Niño y, sobre todo, cómo utilizar este escenario para fortalecer la gestión de riesgos climáticos dentro de las empresas.
1. El riesgo climático debe integrarse a la gestión del riesgo financiero y operativo
Un mapa de amenazas permite saber dónde puede ocurrir una inundación, sequía u otro evento. Pero para tomar decisiones empresariales es necesario dar un paso adicional: traducir esa información a sus posibles consecuencias sobre el negocio.
¿Cuántos días podría detenerse una operación? ¿Qué ingresos o EBITDA están expuestos? ¿Qué CAPEX adicional sería necesario para adaptar un activo? ¿Qué efecto tendría la interrupción de un proveedor crítico?
Cuando el análisis llega a este nivel, el riesgo climático deja de ser únicamente una conversación de sostenibilidad y empieza a involucrar naturalmente a áreas relevantes como finanzas, operaciones, riesgos y gerencias generales.
2. No todo activo requiere la misma protección: la clave es priorizar
La exposición tampoco es igual en toda una organización. Una planta ubicada en Piura enfrenta condiciones distintas a un almacén en Lima o una operación en el sur del país.
Por eso, uno de los planteamientos del encuentro fue avanzar hacia análisis más granulares: por activo, territorio y operación.
Esta mirada permite identificar cuáles son los activos críticos para los ingresos y la continuidad del negocio y, a partir de ello, decidir dónde una inversión en adaptación puede generar mayor valor.
En otras palabras, adaptarse no significa intentar proteger todo por igual, sino priorizar mejor los recursos disponibles.
3. La resiliencia del negocio no termina en los límites de una planta
Una empresa puede proteger adecuadamente sus instalaciones y aun así ver interrumpida su operación.
Una carretera bloqueada puede impedir la distribución de productos. La afectación de un proveedor crítico puede trasladar costos al resto de la cadena. Y los trabajadores pueden tener dificultades para llegar a sus centros laborales debido a problemas de movilidad, vivienda o servicios básicos en sus comunidades.
La vulnerabilidad empresarial, por tanto, también se encuentra fuera de los activos que controla directamente la organización.
Esto obliga a ampliar la mirada hacia proveedores, rutas logísticas, colaboradores y territorios que hacen posible la continuidad de la operación.
4. La preparación también puede convertirse en una ventaja competitiva
Uno de los hallazgos compartidos por APOYO Consultoría muestra otra dimensión de la resiliencia: estar mejor preparado puede empezar a influir en las decisiones del mercado.
Durante el encuentro se señaló que determinados operadores logísticos con mayor capacidad de respuesta están ganando terreno frente a aquellos que muestran una menor preparación ante posibles interrupciones.
Para las empresas, esto abre una pregunta que va más allá de la prevención: ¿puede nuestra capacidad de continuidad convertirse también en un atributo valorado por clientes y socios?
The resilience deja así de entenderse únicamente como protección frente a pérdidas y puede convertirse en un factor de competitividad.
5. El Niño puede ayudar a desarrollar capacidades que exige NIIF S2
El Fenómeno El Niño también permite aterrizar una conversación que muchas veces parece de largo plazo: la gestión y divulgación de los riesgos climáticos.
The NIIF S2 plantea que las organizaciones identifiquen y comuniquen sus riesgos y oportunidades relacionados con el clima desde cuatro dimensiones: gobernanza, estrategia, gestión de riesgos, y métricas y objetivos.
En la práctica, varios de los ejercicios necesarios para prepararse frente a El Niño —mapear riesgos, analizar exposición, cuantificar impactos financieros, priorizar activos, establecer responsables y definir métricas— contribuyen a desarrollar capacidades que también serán necesarias para avanzar en la implementación de este estándar.
El desafío, por tanto, no es únicamente reportar mejor, sino fortalecer previamente la capacidad de la organización para entender y gestionar el riesgo.
6. La preparación se concreta cuando entra a la hoja de cálculo
Identificar riesgos y definir medidas es solo una parte del proceso. Para que una estrategia de adaptación pueda implementarse necesita responsables, fechas, indicadores y recursos.
Durante el encuentro, Lucila Pinto lo resumió en una frase:
“Si una medida no está presupuestada, probablemente sigue siendo solamente un deseo”.
Incorporar CAPEX y OPEX, es decir, traducir las medidas en indicadores financieros,convierte una intención de adaptación en una decisión que puede competir por recursos, incorporarse a la planificación y ser monitoreada por la organización.
Y esa puede ser una de las conexiones más importantes entre sostenibilidad y negocio: pasar del diagnóstico a decisiones concretas de inversión.
De responder a emergencias a gestionar la vulnerabilidad
El Niño volverá. Y junto con él, las empresas continuarán enfrentando otros riesgos físicos —como inundaciones, sequías o cambios sostenidos de temperatura— y riesgos asociados a la transición hacia una economía baja en carbono.
Por eso, la preparación frente a un episodio específico puede ser también el punto de partida para desarrollar una capacidad empresarial de más largo plazo.
La pregunta deja de ser solamente ¿estamos preparados para el próximo El Niño? y pasa a ser: ¿sabemos dónde somos vulnerables, cuánto podría costarnos y qué debemos priorizar hoy?
Responder esas preguntas permite pasar de reaccionar frente al impacto a anticipar riesgos, priorizar inversiones y fortalecer la capacidad de respuesta del negocio.





